miércoles, 22 de agosto de 2007

Biografías selectas 2ª parte. Mikel Berberentxun



Como algunos de vosotros recordaréis, uno de los motivos fundacionales de este blog, a la espera de unas próximas elecciones municipales, las que a priori mejor parecían servir a nuestro propósito, era el de mejorar nuestra deficiente situación económica, por no decir forrarnos.

En vista de que la cosa está un poco sosa en ese sentido, parada incluso, a pesar de nuestros esfuerzos y de diferentes promociones exclusivas que hemos puesto a vuestra disposición, hemos decidido poner al mal tiempo, buena cara, dentro de nuestras evidentes limitaciones fisonómicas y coger el toro por los cuernos.

Quizá influido por nuestro último artículo, dedicado in memoriam a la figura legendaria del perenne rey del rock, se ha dirigido a nosotros un curioso personaje, con una no menos curiosa proposición.

Su nombre, Mikel Berberentxun. Su propuesta, promocionar sus canciones. Mientras acabamos de discutir tan peregrina idea y ver como hacemos para converger sus intereses con los nuestros, he aquí su historia o por lo menos la que nos ha contado.

Con vosotros la futura estrella, Mikel Berberentxun, el primer cantautor de derechas, perdón, de centro-derecha.

Al igual que el de la popular canción de Dusty Springfield, es hijo de un predicador. Pero no de uno que ejerciera su valiosísima función en África rodeado de monjitas y bellos parajes, como probablemente habéis pensado sino de uno que lo hacía en el no menos idílico entorno del País Vasco. Uno que en la misma percha donde colgó definitivamente los hábitos, dejó también para siempre la caja de preservativos. Y cuando digo siempre, quiero decir hasta que se cayó al suelo y la que se había convertido en su mujer, cuando la vio, tiró a la basura.

Mikel, el pequeño de doce hermanos, fue el décimo segundo que salió rana, que también es mala suerte. El padre, toda una autoridad en batracios como habréis adivinado, dejó la parroquia por una casa consistorial en un pueblo de Vizcaya del que ha sido alcalde las últimas treinta y dos legislaturas, siempre en representación del PNV, y que ha visto, no sin una pizca de orgullo, como todos sus hijos le han salido algo abertzales oye, siendo el más radical de todos nuestro nuevo amigo.

Su pasatiempo favorito, más aún que cambiar de sitio como si de un rompecabezas se tratara las diferentes partes de un cajero automático con artilugios pirotécnicos caseros, consistía, -en las campañas electorales-, en ir quitando uno a uno los carteles que presentaban a su padre como cabeza de lista que éste iba pegando, y poniendo en su lugar los del partido comunista de las tierras vascas, el partido anteriormente conocido como Euskal Herritarrok, anteriormente conocido como Herri Batasuna, anteriormente conocido como el centro de catequesis de Jesús, María y Andoni en Oiartzun, Guipúzcoa.

Debido a esto, se dice que su pueblo es el que dispone de más imprentas por habitante en toda la unión europea. Y aún así, durante las elecciones no daban abasto.

Con cara no ya de romper un plato, sino que como te descuides te lo rompe en la cabeza, y si no te descuidas también, como kaleborrokero no tenía igual y se convirtió en el preferido de niños y mayores, encontrando siempre alguien que le pagase las consumiciones en las herriko tabernas, normalmente algún impresor que le debía su fortuna debido a su pericia e insistencia.

La vida pues le iba bien, se dedicaba a lo que le gustaba, estaba bien considerado en su profesión, tenía muchos amigos y gente que le admiraba hasta que un día todo cambió.

En una de sus actuaciones, confiado, se pasó con la carga explosiva que debía convertir un contenedor de basura orgánica directamente en basura. Con la mala suerte de que algún desaprensivo saltándose la normativa municipal había depositado varias botellas de pacharán en el contenedor inapropiado. Hay quien dice que era Mikel quien llevaba las botellas pero nunca se ha sabido a ciencia cierta. El zambombazo fue tal que lo dejó con la cocorota llena de cristales e inconsciente durante varios días hasta el punto que se llegó a temer por su vida. Los médicos no eran optimistas pero su fortaleza hizo añicos las previsiones más pesimistas.

No hubo manera eso sí, de quitarle de la cabeza un coágulo de sangre del tamaño de una pelota de ping-pong. Los médicos advirtieron a sus padres que era el más grande que habían visto y que debido a su tamaño Mikel podía comportarse no ya de manera extraña, sino de forma muy diferente a la habitual. Y no tardó en hacerlo. Nada más despertarse de su letargo pidió una guitarra, en vez del bate de béisbol, que sus padres, previsores, se habían procurado.

Sin ayuda, salió del hospital y después de tirar toda su ropa y desmantelar su laboratorio casero, se dirigió al Corte Inglés, se compró unos dockers beige, unos náuticos y un polo que se puso por dentro de los pantalones. De esta nueva guisa, se dirigió a la sede del partido popular más cercana y se afilió al partido.

Había nacido el nuevo Mikel.

Con unos conocimientos musicales más bien limitados pero guitarra en ristre y con la ayuda del fabuloso curso aprenda a tocar su guitarra o la de otros con tres lecciones de CCC en una tarde había compuesto tres canciones, una por cada lección o por cada ce, no está del todo claro.

El blues del despido libre, la primera de todas y a la que tiene más cariño, Del caserío me río, la que más ha dolido a su progenitor, y la más nostálgica, Los doce del prostíbulo, que rememora las correrías nocturnas, y algunas diurnas, con sus hermanos y que tampoco les ha hecho mucha gracia. Ni a ellos ni a sus mujeres y/o novias, según el hermano.

Aquel frenesí musical hacía pensar que en una semana habría compuesto más temas que Armando Manzanero y Augusto Algueró juntos pero la inspiración se evaporó. Por lo menos hasta ahora.

Mientras tanto se gana la vida, es un decir, ya que no acaba de tener el éxito que se merece, como sexador de pollos. Ha inventado un nuevo método que puede provocar un antes y un después en el mundillo pollero. Se trata de coger una pelota vasca de pelota vasca, apuntar bien y dar un pelotazo a los pollitos entre las piernas. El que no se dobla para delante de dolor y no emite un gritito agudo es hembra.

Es un método revolucionario sin duda, pero que al estar en fase experimental todavía no acaba de convencer a los propietarios de los pollitos, gente algo chapada a la antigua. A los pollitos tampoco parece hacerles mucha gracia.

De todas maneras es un trabajo provisional ya que el sueño de Mikel es dedicarse a la música y hacerlo desde una óptica diferente a la que estamos acostumbrados, por lo menos en lo que a cantautores se refiere.

Recordad este nombre, Mikel Berberentxun, el primer cantautor de derechas, perdón de centro-derecha.

En otoño tiene pensado comprarse unos mocasines con borlas.




No hay comentarios: