lunes, 19 de noviembre de 2007

¿Por qué no nos manifestamos?



Uno de los grandes misterios de la vida pública actual en Catalunya es la falta de respuesta articulada y masiva de los ciudadanos a la grave situación del servicio de cercanías de Renfe y a los demás efectos negativos de las obras del AVE en las comarcas que rodean Barcelona. La única manifestación realizada hasta hoy, que tuvo lugar el pasado 29 de octubre en la plaza Sant Jaume, resultó un fracaso. Se concentraron apenas mil personas y lo hicieron divididas, cada grupo con sus lemas y sus manifiestos...

Allí estaban desde dirigentes del PP catalán hasta militantes de las juventudes de ERC, desde vecinos y comerciantes de Bellvitge y Gornal afectados por las obras hasta miembros de la plataforma AVE pel Litoral y, perdidos en medio del follón, algunos pocos usuarios de Renfe que habían acudido.

Más que reclamar soluciones a las administraciones, los manifestantes se dedicaron mayormente a enfrentarse verbalmente, unos contra otros, ofreciendo así un espectáculo penoso y nada edificante. Esta concentración, convocada por internet y sin padre ni madre conocidos, fue peor que la desmovilización en sí...

¿Por qué no nos manifestamos?

La pregunta nos la repetimos todos, unos a otros, como torpes zombis extraviados entre el infierno y el cielo de nuestros gobernantes. A veces, hay quien tiene respuestas brillantes, verbigracia una periodista catalana que, haciendo gala de gran olfato, declaró en un reciente debate televisivo que si la gente no se manifiesta sería porque no hay motivo para llegar a tanto. Hay que ser ciego y sordo, o ser cheerleader gubernamental, para llegar a tal grado de cinismo argumentativo...

La primera razón por la que no hay manifestaciones es de orden práctico y es muy fácil de comprender. Los primeros y más afectados por la situación, los viajeros de Renfe, ya tienen bastante con buscarse la vida para moverse...

Resulta natural que la mayoría de los usuarios no estén para muchas manifestaciones después de invertir el doble de tiempo y de esfuerzos en desarrollar su vida normal. El cansancio también desmoviliza, pues es superior al cabreo.

El segundo motivo tiene que ver con nuestro sistema político...

La democracia represenatativa, con todos sus virtudes y defectos, es un contrato que consiste en delegar en nuestros políticos la gestión del común. No es que nos desentendamos, es que hemos decidido que alguien se hace responsable por cuatro años...

La tercera causa por la que no hay manifestaciones es la falta de un relato atractivo que unifique la propuesta. No es suficiente con decir no, hay que ofrecer (aunque sea implícitamente) una alternativa. Sin un discurso que de sentido al malestar, éste se convierte en una mera acumulación de microagravios particulares cuyo peso político se diluye hasta convertirse en un retablo de anécdotas e historias humanas que ocultan, como una cortina de humo, la responsabilidad de los que están (presuntamente) al mando...

La cuarta razón (no por mencionarla en último lugar es menos importante) es la acutal ausencia de liderazgos fuertes en Catalunya, que se alcen por encima del panorama de colapso, fatiga y mediocridad que nos atenaza. Es más fácil manifestarse cuando alguna figura acierta a interpretar el momento y a liderar con energía, convicción y credibilidad una respuesta. Sin líderes, toda protesta tiene algo de pataleta hueca, algo de mueca en el vacío.

En este momento, el català emprenyat sabe bastante bien lo que no quiere, pero no está nada seguro sobre lo que realmente desea. Para salir a la calle, ya no es suficiente el "diguem no" de otras épocas, necesitamos una bandera en positivo. Quien acierte a desplegarla conseguirá, tal vez, romper el muro de atonía que hoy nos rodea.

Francesc-Marc Álvaro. La Vanguardia. 12/11/2007

martes, 13 de noviembre de 2007

Biografías selectas 2ª parte. Leonardo Da Vinçon



En el día de hoy nos acercaremos por primera vez a la figura de un gaitero consorte. Nos referimos a Leonardo Da Vinçon, pareja de nuestra compañera más afrancesada, mademoiselle Bowie.

Caballero de treinta y cinco años, más peripuesto que apuesto, si bien quienes lo conocen, coinciden en que sobretodo destaca por estar siempre, si se nos permite la expresión, más bien puesto.

Fiel seguidor desde su más tierna infancia de la máxima, a quien madruga ni dios le ayuda, no sabe lo que es levantarse antes del mediodía.

Hijo de un distinguido ex-empresario del textil catalán, ha intentado durante años dilapidar la fortuna paterna sin conseguirlo. Justo es reconocer no obstante, que no ha sido por su falta de pericia o esfuerzo, -ojo, las cosas como son-, sino debido más bien al ingente volumen del patrimonio familiar.

Su padre, escamado, se puso firme y cerró o vendió, cuando no ambas cosas, todas las empresas que poseía, una por una, a diferentes fondos de inversión locales y extranjeros, anticipándose a la moda actual, obteniendo pingües beneficios, y reivirtiendo parte en la compra de bienes inmuebles. Los despidos y expedientes de regulación parece que también fueron copiosos.

Visto lo visto, nuestro amigo Leonardo optó por reciclarse y convertirse en un descubridor de tendencias. La cosa le ha ido bien y no para quieto un segundo. Ha encontrado tiempo eso sí para retomar sus estudios de filosofía y para sorpresa de todos no sólo ha acabado la carrera sino que incluso está pensando en publicar un libro de poemas filosóficos, en los que no aparece una rima ni por equivocación.

Su padre no da crédito y está madurando seriamente la posibilidad de aumentarle la asignación mensual a cinco mil euros lo que permitiría a Leonardo olvidarse de descubrimientos y tendencias y dedicarse a lo que actualmente, más aún que sus versos, le gusta más.

Nos referimos a la organización de festivales de cine, de todo tipo, condición y duración que han encontrado acomodo en Barcelona en los últimos años.

Su reto de los últimos meses que está deviniendo obsesión, es encontrar un cortometraje en el que los créditos duren menos que el corto propiamente dicho.

Todavía no se ha dado el caso.

Aunque anglófilo, cuando de amar se trata, en deferencia a su pareja y en parte a él mismo, ya que el ardor guerrero de Juanita se eleva al cuadrado, se decanta por el francés, nunca mejor dicho.

Avec la bouche, doucement... bueno no tanto...Eh voilà...

Ay, l'amour... Que jolie. Jolín.

martes, 6 de noviembre de 2007

Ratatoing



Quien más, quien menos, ha sido testigo este verano de la presentación en sociedad de la nueva película Pixar, Ratatouille, -pronuncíese rat·a·too·ee, advertían en los pósters-, una maravilla para los sentidos según críticos y espectadores.

Ha pasado en cambio bastante más desapercibida Ratatoing, de la que, por mucho que hemos investigado, no hemos conseguido encontrar ninguna valoración, ni de crítica ni de público. Estrenar directamente en DVD es lo que tiene. Si a eso añadimos que en vez de los puntos de venta habituales, sólo podía encontrarse en las estanterías de las tiendas de algunas gasolineras, la repercusión mediática es cuando menos limitada. Nada más injusto.

Lamentablemente no hemos podido ver la última obra pixariana, si bien el tráiler anticipaba una película excelente. De todas formas por todos es sabido que hay auténticos profesionales, verdaderos artistas de esta técnica promocional que mencionábamos que serían capaces de que nos entraran ganas de ver lo último de, pongamos por caso, Isabel Coixet y creer, hasta los primeros 30 segundos de metraje, que íbamos a ser testigos de una obra maestra.

Para los no iniciados, Ratatoing es una ciudad donde, según consta en la carátula del DVD, el chef más virtuoso es... ¡una rata!

Todo el mundo quiere descubrir los secretos de las deliciosas recetas de Marcell Toing. Cada martes por la noche, el tal Marcell, su encantadora ayudante Carol, con la que nos da en la nariz, tendrá algún affaire, probablemente amoroso, y su amigo Greg (el peor camarero de la ciudad) tienen una gran misión...

Las tres ratas buscan los ingredientes más extraños y exquisitos que sólo pueden ser encontrados en los restaurantes para humanos... donde tienen que afrontar terribles peligros, desde trampas para ratas... ¡hasta los ataques de los gatos!

La historia se llena de acción y aventura cuando un grupo de ratas celosas decide acabar con el éxito de Ratatoing...

¡Descubre, nos dicen, esta gran aventura para toda la familia!

Lo primero que llama la atención del texto, más allá de un uso, pelín abusivo, de los puntos suspensivos, es que no hay ni una falta de ortografía, lo cual es de agradecer.

Los resabiados de siempre, no contentos con esto, habrán notado también un guión y unos personajes que recuerdan, coinciden dirán ellos, con los de la película norteamericana.

¿Y qué si es asi? A esos marisabidillos les recordaríamos, como dijo Goddard, referente de cabecera de alguno de ellos, que en Europa, no lo llamamos copia, lo llamamos homenaje. Aunque, aún a riesgo de tirarnos piedras sobre nuestro tejado, la película es brasileña y sus autores no tienen pinta de tener al cahierista entre sus directores preferidos.

Pero el quid, -¡que ganas teníamos de decir quid!-, no es ése.

¿Acaso sólo las personas originales y con talento son las únicas que tienen derecho a mostrarnos sus ideas?

¿Qué pasa con el resto, con los mediocres, con los imitadores, con los que siempre quedan segundos, mayoritarios por otro lado?

¿Es qué su esfuerzo no merece también la pena?

¿Por qué han de soportar la indiferencia del resto y notar como se les mira siempre, con displicencia, por encima del hombro, simplemente porque se muestran incapaces y/o no dan más de sí?

Lo cierto es que los habitantes de Barcelona y alrededores deberíamos entenderlos mejor que nadie. Con tiempo y dedicación, a base de apagones y caos de movilidad varios nos hemos convertido en uno de ellos. No ha sido fácil llegar hasta aquí pero es donde estamos. Deberíamos ser más condescendientes entre nosotros y reconocernos como iguales. Es el primer paso para intentar salir del pozo. Ser conscientes de nuestra situación, dejarnos de nostalgias por tiempos ya pasados, mirar adelante y admitir que Ratatoing y no Ratatouille, se pronuncie como se pronuncie, es nuestra película.

Si añadimos que el escalofriante precio de la nueva perla del cine de animación brasileño es ni más ni menos que 11.95 euros, iva incluido eso sí, el paralelismo es de campeonato. Casi produce escalofríos.

Pero no debemos caer en el desánimo. Una vez más no hay mal que por bien no venga. Aprovechemos la coyuntura, otra palabra que nos hacía ilusión utilizar, -aunque no tanta como quid-, para renovar nuestro lenguaje.

Nuevos tiempos, nuevas expresiones.

Cuando todo falle y por ejemplo nos quedemos atrapados en la autopista, exclamemos jubilosos, a mi pling, que soy de Ratatoing.

Que en un restaurante nos cobran 40 euros por un carpaccio y una ensalada con rúcula, o nos llega puntualmente el recibo de la luz y no la indeminización por el apagón del pasado julio que según Endesa hemos cobrado ya todos los afectados, ríamonos a mandíbula batiente de nosotros mismos, aunque sea de manera nerviosa y exclamemos sin pudor, mientras soltamos la mosca, ra ta ta ta ta toing, esto es un atraco.

Ratatoing, la ciudad de los apagones, donde el que tiene un generador, por pequeño que sea, es el rey.


(Y para quien no tenga suficiente con la historia de los amables ratones cariocas, pues tenéis también a vuestra disposición Os carrinhos, con el sugerente subtítulo de A grande corrida. Película coral, dicen las crónicas, que vale, recuerda un poquito a Cars, otra obra de Pixar, pero que a diferencia de ésta, trata de los avatares que se producen durante las retenciones en las autopistas que dan acceso a una gran ciudad, un domingo por la tarde cualquiera.)




No apta para todos los públicos. Ni estómagos.

martes, 30 de octubre de 2007

Con orden y concierto



Contraviniendo nuestro de lema de cabecera, estamos siendo menos breves de lo previsto. A lo tonto, llevamos casi un año en danza y estamos a punto de llegar a los cincuenta artículos.

Cuando iniciamos este blog, que como diría Lauren Postigo, es el vuestro, no teníamos previsto llegar tan lejos. Mejor dicho, no teníamos ninguna previsión al respecto. Lo que si creíamos, aunque de manera inconsciente, teniendo en cuenta nuestro bagaje, es que todo un año y una cincuententa de entradas, más o menos diversas, más o menos originales, más o menos conseguidas, se antojaba como todo un reto.

Si por algo nos hemos caracterizado los gaiteros, si algo nos define, aún más que todos los errores que hemos cometido, es que hemos empezado bastantes más cosas de las que finalmente hemos acabado. Quien sabe, quizá estemos cambiando y es probable, que también en eso nos hayamos equivocado, y llegados a una edad, cambiar todavía es posible.

Llegados pues a este punto, hemos creído interesante,-más que una reflexión serena sobre lo realizado, lo que sin duda hubiera sido recomendable-, agrupar de manera explícita lo ya escrito, y lo que vendrá, en diferente secciones para facilitar una
(re)visión de todo lo que os ofrecemos.

Facilidades que esperemos sean de vuestro agrado, aunque lo más inteligente por vuestra parte sería, por muchas comodidades que os brindemos, que dedicaséis vuestro tiempo a algún otro blog más dilecto o mejor aún, a algún libro, como se hacía en la antigüedad, contribuyendo eso sí, a la inevitable deforestación del planeta.

Y es que no hay mal que por bien no venga.

jueves, 25 de octubre de 2007

Louie Louie




Una de las bondades que te brinda la paternidad es la de (re)descubrir películas de dibujos animados, a las cuales los gaiteros no habíamos sido nunca muy aficionados.

Compartir esos momentos con tus hijos, cantando y bailando, repitiendo una y otra vez sus escenas preferidas no es comparable a nada y hace que el día haya valido realmente la pena. Calmante y estimulante a la vez, no hay mejor narcótico. Ajeno a todo lo que te preocupa, tu hijo, tú y una melodía, convertidos en uno, armoniosa y alocadamente.

La última de estas joyas disfrutada al alimón ha sido El libro de la selva. Aprovechando el cuarenta aniversario de su estreno, Disney la ha editado en DVD, como no, por tiempo muy limitado.

Por si la fusión paterno-filial no fuera suficiente, sentadito en tu sofá, o dando botes por el salón, puedes disfrutar de Louis Prima, en una de sus interpretaciones más alocadas, en el papel del orangután Louie.

Prima de primate. ¿Hay quien de más?

Pues sí. Además de un final a lo Casablanca, con Bogart y Claude Rains, convertidos en el oso Baloo y la pantera Bagheera, iniciando una bella amistad, también aparece George Sanders como el tigre Shere Khan, villano de la función, taimado y sedoso.

Un George Sanders que si hubiera esperado hasta estos días para suicidarse en Castelldefels no hubiera podido ya que todavía, gentileza de nuestro transporte (no sólo) ferroviario no habría llegado. No hay mal que por bien no venga. Pero esa es otra historia y en este caso llega, como los trenes, con más de treinta años de retraso.

Suban pues el volumen de su ordenador y disfruten como solían, y sólo se puede hacer cuando eres pequeño.

-Vinga papa, aixeca...

-Voy...

Busca lo más vital no más,

lo que has de precisar no más,

nunca del trabajo hay que abusar

na na ni no ni no ni no ni no naaaaa






jueves, 11 de octubre de 2007

Humor amarillo nuclear



La cadena de televisión Cuatro, desde hace algún tiempo, en un alarde de originalidad y para regocijo de sus seguidores, viene reponiendo el programa Humor amarillo. Para los no iniciados, se trata de aquella joya de la televisión japonesa que en su momento emitió Tele5, tu cadena amiga, y en el que voluntariamente los japoneses y las japonesas, que diría Ibarretxe-san, se daban unos galletos de tomo y lomo contra todo lo que se meneaba y que contaba entre sus presentadores con el hiératico Takeshi Kitano, entonces futuro director de culto y máximo representante de la escuela nipona del método de Yokohama, que basa todo su programa actoral en por qué-mover-una-pestaña-dos-veces-si-con-una-me-basto-y-me-sobro y de la cual los gaiteros somos fervientes defensores.

Como no podía ser de otra forma, tratándose de una televisión de postín como la que nos ocupa, los amigos de Cuatro han renovado el programa modificando las voces y los comentarios que acompañan cada talegazo.

Aún reconociendo su mérito, no es suficiente. Cuando el depósito de las nuevas ideas está ya en reserva, es comprensible recordar a Karina y ponerse a buscar en el baúl de los recuerdos.
Pero que sea comprensible no implica que sea del todo justificable. Ponerle un envoltorio nuevo, o apenas un lazo, no es de recibo. Se te ha secado la mollera, de acuerdo. Estás pasando un mal momento o no tienes tiempo, no te preocupes. Quien esté libre de pecado que tire la primera gaita. Te tomas tu tiempo, pides ayuda, recapacitas, das un paso atrás y te parapetas en tu fortín a la espera de épocas más lúcidas.

Sorprendentemente, o no tanto, quien sí ha hecho lo que debía y ha dado una vuelta de tuerca a un programa con un futuro yermo, reside en un país, a priori, poco dado a tales alegrías. Nos referimos a Irán y más concretamente a su ministro de cultura, el revolucionario Mohamed Hosein Saffar-Harandi.

Este nuevo mago del humor, medalla de plata en el campeonato de clubes de comedia de su país, bueno sólo hay un club pero es muy espacioso, nos deleitó hace pocas fechas con algunos de sus monólogos, -sí, hijo sí, en Irán también-, famosos en su tierra pero desgraciadamente desconocidos por estos lares.

Recordaremos solamente el que dedicó a la música, si bien es cierto que tiene otros sobre la censura, el holocausto, el velo y las buenas maneras que son realmente tronchantes.

En una entrevista promocional de su por fin recién editado DVD con sus mejores gags, una periodista algo quisquillosa y no muy ducha en el humor iraní, le preguntó con retintín:

-¿Le gusta la música? Dicen que está en contra del rock y del rap.

-Sí, me gusta. Aunque debe cumplir algunas condiciones, entre ellas, que no haga que las personas se salgan de sí y pierdan la compostura. He oído que que algunos estilos, no el propio rap sino el heavy metal y algún otro, con el uso de alucinógenos llegan a provocar que mientras se conduce a toda velocidad (los jóvenes) abran las ventanas y las puertas y salten por ellas. Me opongo a ese tipo de música.

Y nosotros. Eso no es música ni es nada. Si bien es cierto que no sabemos de ningún caso como los que nos presenta Mohamed, excepto algunos que se han producido en los trenes de cercanías en la provincia de Barcelona, nos atrevemos a aventurar que más que a ese peligroso cóctel de heavy metal y alucinógenos mencionado, el que la gente joven salte por la ventana se puede deber en mayor medida a una partida de muelles defectuosos instalados en los asientos de los vehículos.

De todas maneras, nuestro preferido, al igual que para sus conciudadanos, por algo quedó primero en el concurso de nuevos humoristas y de allí, catapultado al cargo de presidente de la República Islámica de Irán, es el nuevo tótem de lo cómico, el gran Mahmud Ahmadineyad.

Su humor, y de ahí lo novedoso y probablemente el secreto de su éxito, es que va más allá. Su show, de gira también, integra diferentes artes escénicas. Este cómico superdotado, mitad mago, mitad trilero, está haciendo furor por medio mundo con su espectáculo abracadabrante.

Saben aquel que va un hombre por Teherán y ve un homosexual y se gira y alehop, ya no lo ve. ¿Cómo estaba la plaza? Abarrotá, y aún así, ningún homosexual por aquí, ningún homosexual por allí.

Sin ayudante ni nada y por cuatro duros el tío te monta una función que ríete tú, -y te aseguro que te ríes-, de las del Cirque du soleil y José Luis Moreno.

¿Kiarostami?, ¿Marjane Satrapi? Quita, quita. ¿Escenas de un matrimonio?, ¿Pilar Rahola? Frío, frío.

Lo que se lleva es el nuevo dúo Sacapuntas y su programa Humor amarillo nuclear. Cada jueves en su mezquita favorita. Humor de destrucción masiva.

viernes, 5 de octubre de 2007

El bello Sergio



Ha vuelto a pasar. Nuestra gaitera más afrancesada, Juanita Bowie, bella por fuera, no tanto por dentro, si exceptuamos su ropa interior, nos ha pillado de nuevo con la guardia baja y se ha salido una vez más con la suya.

En esta ocasión nos ha colado para su uso y disfrute un par de temas de uno de sus cantantes de cabecera, Serge Gainsbourg, con la seguridad de que vosotros también sabréis disfrutarlo.

Con todos vosotros pues, Sergio el bello. No hay más que oírle.










Y de regalo, en estos días traicioneros, donde los virus campan a sus anchas, aprovechando la inestabilidad de las temperaturas, el blues del constipado, mano a mano con el gran, y más peligroso que todos los virus juntos, Screamin' Jay Hawkins.
¡Salut!