
Se acabó. Por fin lo consiguió. Scorsese logró que los miembros de la segunda Academia más famosa del mundo, se apiadaran de él y le considerasen finalmente uno de los suyos.
Los gaiteros nos alegramos ya que siempre es motivo de dicha que una persona consiga su sueño. Más aún cuando hace tanto tiempo que lo persigue.
No obstante, guiados por nuestro afán investigador y de mano de nuestro científico de cabecera, el Doctor Clon, Los gaiteros tenemos la teoría de que el que ha recibido la preciada estatuilla no sólo es un impostor sino que el verdadero Scorsese hace tiempo que cría malvas.
Todavía no disponemos de todas las pruebas necesarias para afirmar con la rotundidad necesaria un hecho de ese calibre pero, ¿no deberían ser suficientes pruebas las últimas películas de su filmografía? No ya, porque creamos, modestamente, que sean flojillas, con excepción, de algunos momentos concretos, sino porque no resisten la comparación con otras más antiguas.
¿O acaso puede ser la misma persona que hiciera El rey de la comedia, Goodfellas, Casino, After hours, La edad de la inocencia, entre otras, quien haya hecho aquella del loco de la ambulancia, la megabrasa del Dalai Lama Lama La Ding Dong, (¿hay alguien que la haya visto entera?), Gangs of New York, El aviador o esta última perla, Infiltrados?
Nosotros creemos que no. Scorsese murió y hace ya algunos añitos. Es la única explicación lógica. Más allá de si Infiltrados, es una copia descarada y alargada de una película de Hong Kong o alrededores, lo cual no nos interesa demasiado y más que al propio director italoamericano, lo que retrataría es la falta de ideas del propio cine americano actual, lo terrible y doloroso es ver como quienquiera que sea ese impostor ha malogrado y desaprovechado una historia apabullante y el que probablemente sea el mejor reparto masculino de los últimos años.
Leonardo Di Caprio, actor felino, versátil y eléctrico como pocos.
Matt Damon, auténtico especialista en papeles ingratos y desagradecidos, dos de los mejores actores de su generación junto al ahora un tanto perdido Edward (sin) Norton y el rosado y orondo Philip Seymour Hoffman.
Jack Nicholson siempre al límite y aquí más que nunca pero que en los primeros compases de la película nos hace creer que Scorsese no había muerto sino que había estado estos años muy, muy enfermo y que volvía a ser el de siempre, totalmente recuperado de sus achaques.
Mark Wahlberg, quizá todavía no preparado para todo tipo de papeles pero mucho mejor actor de lo que la gente y probablemente él mismo creen.
Alec Baldwin, o el que se lo ha comido, recuperado de sus trifulcas con Kim Basinger, que parece haber encontrado su sitio como secundario poderoso e imprescindible, mejor actor a cada kilo que gana.
Martin Sheen, a una dentadura postiza pegado, Ray Winstone, etc., en definitiva un reparto numeroso, complementario y en estado de gracia que puede ayudar a disimular lo que pudo haber sido una gran película y que si exceptuamos su inicio, como decíamos, no es.
Por eso Martin, tú que fuiste uno de los nuestros, nos congratulamos de que finalmente hayas conseguido tu sueño y de que por fin, estés donde estés, descanses de una vez por todas en paz. El resto de mortales, o por lo menos quienes esto escribimos, te lo agradeceremos.