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miércoles, 20 de junio de 2007

De verbena






Se acerca la verbena de San Juan y como es habitual por estas fechas hace ya algunas jornadas que venimos padeciendo el lanzamiento indiscriminado de todo tipo de petardos.
Piulas, tigres, bombetas, petardos voladores, tracas, ruletas, cientos de petardos diferentes con una sola misión. Hacer el máximo ruido posible y provocar arritmias o directamente paros cardíacos en el personal que sin comerlo ni beberlo tiene la mala suerte de pasar por allí.

Daños colaterales, se excusan algunos, utilizando una expresión que ha hecho furor últimamente. Y pobre de ti que les digas algo. Niños y mayores te miran como si fueras el mismísimo Himmler redivivo.

Tú no eres mi padre, este es un país libre, te espetan a la mínima, perdonándote la vida con la mirada y tirándote los siguientes petardos a quemarropa.

No niño, de país libre nada. Si lo fuera, del puntapié que te metía ahora mismo te dejaba colgando en la torre Agbar. Pero Los gaiteros no somo de naturaleza violenta, salvo ocasiones, y aunque totalmente desquiciados y con los nervios a flor de piel proponemos una solución alternativa.

Nos hemos declarado en más de una ocasión, amantes de las tradiciones. Hagamos pues uso de ellas, una vez más. Si lo de lanzar petardos indiscriminadamente es algo, como decíamos, ya tradicional por estos lares desde hace tiempo, recuperemos una tradición aún más antigua, recogida ya en las Homilíes d'Organyà.

A todo aquel, chavalito o no, que tenga a bien lanzar un petardo de la clase que sea a menos de 50 metros de una persona inocente, se le conducirá a la plaza mayor de su pueblo o ciudad y se le atará una ristra al cuello, pasando por los huevos, (lo sentimos, es así como reza en las Homilíes) con todo su arsenal, y se le prenderá fuego una y otra vez para escarnio y ejemplo de otros posibles malhechores.

A la espera de que esta tradición olvidada se convierta en uso obligado, proponemos otra solución alternativa.

La visión, una y otra vez, del duelo final de Raíces profundas, uno de los más renombrados de la historia del cine y por tanto de la historia.

Posología:
Según criterio propio. Especialmente indicado para los días que nos ocupan. Procúrense el mejor sonido Dolby Surround en sus casas y cada vez que crean que una diabólica andanada está a punto de hacer acto de presencia, suban el volumen de sus receptores a cotas nunca alcanzadas, especialmente en el momento de los disparos del duelo antes mencionado.

Una y otra vez, adelante y atrás. Bang bang...

Todo lo alto que puedan.

Contraindicaciones:
No se han descrito si bien está especialmente recomendado para todos aquellos que gusten de disfrutar con las películas del oeste y de los placeres de la vida en general, que viene a ser lo mismo.

Incompatibilidades:
Amantes del todo vale y me importan un pito los demás, a mí es que las películas del oeste no se, prefiero el teatro, tantos tiros, tantos indios muertos y seguidores en general de Michael Moore.


Ustedes mismos. Están avisados.


Y por si esto no sirve, Shane, por favor, vuelve y cárgatelos a todos!!