Ir al médico no es una de las actividades gaiteras favoritas, pero a veces es inevitable.
Seguramente condicionados por el hecho de que cuando lo hacemos es porque no estamos en nuestras mejores condiciones y por ello estamos más susceptibles de lo aconsejable no hemos tenido buenas experiencias.
Displicentes, desdeñosos cuando no directamente groseros y maleducados, siempre con prisas, mostrándote sin disimulo su hastío y aburrimiento por tener que escucharte, todos los médicos nos parecen cortados por el mismo patrón.
Voltaire hace 300 años los describía de esta guisa:
Son aquellos que recetan medicamentos que no saben como funcionan para enfermedades que desconocen.
No obstante, seguro que no todos son así. De hecho la figura del médico ha estado tradicionalmente bien considerada. Hasta no hace mucho incluso podían aparcar su vehículo donde quisiesen, siempre y cuando dejasen visible el distintivo que les acreditaba como tales, y en los pueblos eran poco menos que figuras totémicas y lo que decían iba a misa.
Desde hace algunos años ha proliferado una nueva especie, también muy considerada. Los que vinculados a diferentes ONG sacrifican su tiempo y su salario y ofrecen sus conocimientos allá donde hacen falta.
En Burkina Faso, (antiguo Alto Volta, Volta Alto, Isabel como Fernando) su labor ha sido ya recogida por la tradición oral, que nosotros aquí convertimos en escrita.
Vienen a decir algo así como:
Médicos sin fronteras, enfermeras sin bragas,
Si bien los expertos no se ponen del todo de acuerdo y algunos creen que es más acertado traducir:
Médicos sin fronteras, enfermeras sin tangas.
Los tiempos pues, han cambiado, pero no tanto. Actualmente estamos sufriendo una plaga de series televisivas, nacionales o internacionales, de calidad cuestionable pero de indudable éxito que toman la profesión médica como protagonista. No es un fenómeno nuevo es cierto, pero nunca se había dado con tanta virulencia.
Y el caso es no parece tampoco una labor tan difícil, siempre y cuando se sigan unas pautas básicas. A saber:
-Cuando no se tenga ni idea de lo que sucede al paciente ni el motivo de sus problemas es imperativo echarle la culpa a un virus.
-Si se nos permite el tópico, más vigente que nunca, es fundamental a la hora de escribir cualquier informe, justificante y/o receta hacerlo de la forma más ininteligible posible, hasta el punto de que quien lo haya realizado no pueda entender lo que ha escrito pasados unos minutos.
-Ir a desayunar o merendar, en función del horario de trabajo, todas las veces que sean necesarias y nunca menos de tres, siempre en bata y con el estetoscopio colgando del cuello, de manera muy visible.
-Mostrar fastidio cuando el paciente te explique los síntomas que padece y si es posible alternarlo con alguna otra actividad, mirar el ordenador, ordenar los cajones, hablar con la enfermera u otro colega o incluso a salir de la consulta sin ningún tipo de explicación y mucho menos de disculpa.
-A la hora de estrechar la mano del enfermo, si es que no puede evitarse, hacerlo de la forma más lánguida posible y sobretodo sin mirarle nunca a los ojos.
-Pero sobretodo y la más importante de todas, recetar, sea cual sea el problema, ibuprofeno.
Que te duele la cabeza, ibuprofeno.
Que te has caído bajando unas escaleras, ibuprofeno
Que te has machacado un dedo colgando un cuadro, ibuprofeno.
Que estás alicaído, te duele el vientre, la rodilla o un huevo un huevo, ibuprofeno, ibuprofeno, ibuprofeno, ibuprofeno.
No falla. Esto es diligencia y no la de John Ford.
Los gaiteros intentamos en la medida de lo posible espaciar nuestras visitas a tan preclaros personajes. Eso sí, cuando la situación es ya insostenible y no hay más remedio, anticipándonos al cálido recibimiento que nos espera, lo hacemos después de endosarnos una pastilla de ibuprofeno.
Así vamos ganando tiempo, algo que se ve que es muy valioso hoy en día.
No obstante y para mostrar que a pesar de todo, no son todos iguales, no queríamos finalizar sin presentarles a nuestro facultativo preferido. Un alma cándida al lado de algunos con los que nos hemos topado.
